Supraconciencia

Hay libros que uno empieza a leer con muchas ganas, pero con una cierta prevención. A mí me ha ocurrido con Supraconciencia, de Josep María Clopés. El tema me atraía muchísimo. Física cuántica, conciencia, meditación, naturaleza de la realidad… Vamos, que parecía escrito para que yo picara. Pero precisamente por eso iba con cuidado.

 

Desde que empecé a interesarme por la física cuántica he descubierto algo curioso: es una ciencia tan fascinante y alejada de nuestra intuición cotidiana que resulta muy fácil utilizarla para justificar casi cualquier cosa. Basta añadir las palabras “cuántico”, “energía”, “campo” o “vibración” y una afirmación parece adquirir de repente una profundidad científica que tal vez sea inexistente. Así que comencé Supraconciencia con esa mosca detrás de la oreja … y Clopés me sorprendió.

 

Porque no estamos ante alguien que simplemente haya aprendido cuatro palabras de física y las utilice como decoración. Se ha documentado, maneja conceptos difíciles y tiene una notable capacidad para explicarlos. Algunas páginas dedicadas a la materia, los campos, las partículas, las simetrías o la aparición de estructuras complejas en el universo son realmente magníficas.

 

Y entonces empezó a ocurrir algo. El autor iba encontrando parecidos entre lo que la física descubre cuando mira hacia lo más profundo de la materia y lo que él experimenta cuando, mediante la meditación, mira hacia lo más profundo de la conciencia. El vacío cuántico le recuerda ese silencio mental del que pueden surgir pensamientos. Determinados fenómenos físicos le sugieren la idea de unidad. El orden que aparece en la naturaleza encuentra su correspondencia en el orden interior que experimenta meditando. Y reconozco que algunas comparaciones son preciosas. El problema es que una comparación bonita no demuestra necesariamente que las dos cosas estén relacionadas.

Josep Maria Clopés
Josep Maria Clopés

Pensemos en algo muy sencillo. El corazón tiene redes que distribuyen sangre por todo el organismo. Un árbol tiene ramas que distribuyen agua y nutrientes. Internet tiene redes que distribuyen información. Podemos encontrar semejanzas extraordinarias entre las tres estructuras. Pero eso no significa que un árbol, nuestro sistema circulatorio e Internet sean manifestaciones de una misma realidad profunda. Significa, de momento, que hemos encontrado un patrón parecido. Con Supraconciencia ocurre algo semejante.

 

Clopés es consciente de este peligro y, esto hay que reconocérselo, introduce bastantes precauciones. Repite que no pretende demostrar que la física y la conciencia sean lo mismo. Habla de correspondencias, de posibilidades, de interpretaciones. Y al terminar el libro pide al lector que no convierta sus propuestas en dogmas. Eso me parece intelectualmente honesto. Sin embargo, en determinados momentos el entusiasmo puede más que la prudencia. Las correspondencias empiezan a convertirse en algo más. Propone que detrás de la realidad física y de nuestra experiencia consciente podría existir una misma arquitectura profunda. Y finalmente plantea que la conciencia quizá no sea algo producido por el cerebro, sino una realidad fundamental que estaba ahí desde el principio.

 

¿Es imposible? No.

¿Ha demostrado la ciencia que sea así? Tampoco.

Y aquí creo que está la clave para disfrutar del libro sin pedirle lo que no puede ofrecernos.

Soymas
Soymas

La ciencia todavía no sabe explicar completamente la conciencia. Sabemos muchísimo sobre el cerebro y cada vez conocemos mejor qué ocurre en él cuando pensamos, sentimos, soñamos o meditamos. Pero sigue existiendo una pregunta formidable: ¿por qué toda esa actividad cerebral se siente desde dentro? ¿por qué no somos simplemente máquinas biológicas extraordinariamente complejas que procesan información sin experimentar nada? No tenemos una respuesta definitiva.

 

Clopés propone una. La conciencia, según su visión, podría formar parte de la estructura profunda de la realidad y el cerebro sería, de alguna manera, el lugar donde esa conciencia consigue expresarse y reconocerse. Es una idea fascinante. Pero sigue siendo una propuesta filosófica, no un descubrimiento de la física. Y esta distinción importa especialmente porque Supraconciencia está escrito de una manera muy convincente. El lector puede empezar leyendo sobre partículas, campos o física cuántica y, casi sin darse cuenta, encontrarse unas páginas después ante afirmaciones sobre la naturaleza última de la conciencia. Clopés conduce tan suavemente al lector tan suavemente que cuesta advertir dónde hemos cambiado de carretera. A mí me ha ocurrido. Hubo momentos en que pensé: a ver si este hombre va a tener más argumentos de los que yo esperaba. Y seguí leyendo.

 

Creo que precisamente por eso recomiendo leerlo. No para descubrir que la física cuántica ha demostrado la existencia de una Conciencia Pura. No lo ha hecho. Lo recomiendo porque Clopés plantea algunas de las preguntas más interesantes que podemos hacernos: qué somos, qué significa ser consciente, qué relación existe entre nuestra experiencia interior y el universo del que formamos parte y hasta dónde puede llegar la ciencia para explicarnos. Además, hay algo que me parece indiscutible. La meditación puede producir experiencias profundamente significativas para quien las vive. Podemos estudiarlas, disfrutarlas e incluso permitir que transformen nuestra manera de vivir sin necesidad de convertir inmediatamente esas experiencias en una teoría sobre cómo funciona el universo.

 

Él contempla determinadas correspondencias entre física y conciencia y sospecha que están señalando hacia una realidad común. Yo las contemplo y pienso: Puede ser. Pero también puede ser que nuestro cerebro sea una extraordinaria máquina de encontrar patrones y que descubramos semejanzas porque llevamos toda la vida intentando comprender el mundo mediante ellas. No lo sé.

 

Y, curiosamente, ese “no lo sé” no me deja insatisfecho, al contrario. Después de leer Supraconciencia me parece que es precisamente ahí donde empieza la conversación interesante.

 

Así que mi recomendación es sencilla: leedlo. Dejaos sorprender por Clopés. Disfrutad de sus analogías. Discutid con él. Subrayad las páginas que os hagan parar. Y cuando la física empiece a acercarse a la conciencia, preguntaos: ¿esto lo sabemos o es una posibilidad que estamos imaginando? Parece una diferencia pequeña, pero entre ambas cosas cabe todo un universo.

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