Sinpsis editorial
Vacío perfecto es un espectacular experimento literario que se ha convertido por méritos propios en un referente mítico entre los lectores de Stanislaw Lem. Heredero de un género que exploraron con singular genio autores como Borges, Swift o Rabelais, se trata de una delirante colección de reseñas de libros inexistentes, que subvierten brillantemente los cánones literarios explorando temas de lo más variopinto, desde la pornografía a la inteligencia artificial, desde el Noveau Roman a las novelas de James Joyce. En palabras de Andrés Ibáñez: «Este exiguo volumen, que se lee en tres tardes, equivale, en información y en tiempo mental, a tres meses de apasionante y dedicada lectura».
Comentario
Llegué a este libro después de haber leído y haberme quedado prendado de Solaris, la obra maestra del polaco Stanislaw Lem, que he leído hace poco, y si bien ambos libros no tienen nada que ver en su argumento, sí que se ven similares en cuanto al talento que se aprecia de su autor.
Vacío perfecto es un libro de críticas literarias de libros imaginarios, algunos de los cuales se escribieron tomando como modelos obras icónicas de la literatura. Así por ejemplo Lem critica duramente la novela Idiota, escrita tomando como referencia a El Idiota de Dovstoyesky, y Las Robinsonadas, novela imaginaria que toma como referencia a Robinson Crusoe de Daniel Defoe. Otros de los libros imaginarios no tienen referente especifico pero son criticados por Lem con igual rigor.
Hacía mucho que no me reía tanto con un libro, la verdad. La mayoría de estas críticas de libros imaginarios son muy divertidas, y se podrían aplicar a libros existentes, cosa que Lem no hizo probablemente para ahorrarse parte de las reacciones violentas que podría haber causado entre los escritores y sus fanáticos más acérrimos.
Lem descarta criticar un libro previo acerca de la vida sexual de Robinson Crusoe, pero despliega su crítica de Las Robinsonadas, obra literaria acerca de la vida social de Robinson Crusoe: “una descripción de la vida social de Robinson Crusoe, de su labor en pro de la sociedad, de su existencia ardua, difícil y multitudinaria, un estudio de la sociología de la soledad y de la cultura de masas en una isla deshabitada que al final de la narración está atestada.”
La crítica que me hizo llorar de risa es la dedicada a Gigamesh, supuesto libro escrito en un “vano esfuerzo por producir un segundo Ulises” y que es sencillamente desternillante: “…a la luz de este análisis se vuelve muy visible el parecido del método creativo de Ulises con el de Gigamesh. La ecuanimidad nos obliga a concentrarnos sobre las diferencias entre ambas obras. La tarea no resulta extremadamente difícil, por cuanto Hannahan (en esto sí que se ha diferenciado de Joyce) proveyó su libro de una introducción dos veces más voluminosa que la novela misma (para ser exactos: Gigamesh consta de 395 páginas, y la introducción, de 847)”.





