¿Quieres que en tu foto salga todo enfocado? O ¿Quieres que salga nítido sólo lo que te interesa? A esto nos referimos cuando hablamos de profundidad de campo. Los físicos nos explican y demuestran con fórmulas este fenómeno óptico, pero a nosotros nos vale con estas dos preguntas: ¿Todo “a foco”? ¿O solo el sujeto? La mayoría de las veces disparamos como podemos y cuando “revelamos” la imagen y la vemos en grande en la pantalla de nuestro ordenador, nos acordamos de la famosa profundidad de campo.
Empecemos por los dos conceptos que son los responsables de esta disyuntiva: la distancia focal, y el diafragma. Con un teleobjetivo el enfoque es más crítico que con un gran angular porque la distancia entre la lente y el sensor es mayor (distancia focal).Para entendernos; los prismáticos versus la mirilla de la puerta. En los primeros tienes que darle a la rosca de enfoque si quieres ver algo y en la segunda se ve todo más o menos enfocado sin tocar nada. Los prismáticos (teleobjetivo) tienen menos profundidad de campo que la mirilla (gran angular). Por otro lado está el diafragma, que viene a ser el regulador de entrada de luz por el objetivo. Cuanto más cerrado y menos luz deje pasar más profundidad de campo tendremos. Esto es porque el haz de los rayos de luz tienen menos dispersión y valga la expresión, entran más ordenados al sensor, y la imagen gana nitidez.
Qué conseguimos con esto ya forma parte de lo que queramos contar con nuestra foto. Que el espectador dirija su mirada a lo que queremos, separar al sujeto del fondo para ganar relieve, dispersar la atención por toda la imagen, realismo, confusión…





