Un quinto set en Roland Garros ya no es un partido de tenis, es un ejercicio de supervivencia física y mental. Pues eso ha sido también asistir a los partidos de esta edición cuando has tenido la (mala) suerte de que te toque una entrada al sol. 36 grados hacía en París, el epicentro de la ola de calor más fuerte que se ha vivido en esta época. Quizá deberían vender las entradas como en los toros: de sol o de sombra.
Primer consejo: no te vayas a Roland Garros sin sombrero ni un pequeño paraguas que te haga de parasol (o de paraguas si llueve, que también me ha ocurrido). Y por supuesto, bebe mucha agua en las fuentes que hay en las zonas comunes. Es la tercera vez que voy a Roland Garros (también lo he intentado con Wimbledon durante 5 años sin éxito y he estado varias veces en el Mutua Madrid Open) y te aseguro que es una experiencia que no te puedes perder, incluso si no eres seguidor del tenis. Yo de hecho he ido con personas que no son especialmente fans y lo han disfrutado muchísimo.
Si realmente quieres disfrutar del tenis de Roland Garros (aplicable también a casi cualquier otro torneo importante) ve en la primera semana y reserva una entrada que te permita combinar un buen partido en alguna de las pistas grandes con el acceso a las pistas menores. Estas entradas son mucho más baratas que las de la segunda semana y te permite ver a fantásticos jugadores en las pistas menores desde muy cerca. Las pistas grandes están muy bien y ves el ambientazo que hay: yo este año pude disfrutar en la Philippe Chatrier de un Sinner-Cerundolo y de un Sabalenka-Jacquemot el mismo día, y hace dos años vi un Alcaraz-Korda en la Suzanne Lenglen. Magnífico. Pero lo mejor es pasear por las pistas menores y sentarte a ver a jugadores top en la primera fila, a tan sólo unos metros de ellos. Puedes apreciar mucho mejor los detalles técnicos y el estado de los jugadores, algunas veces están tan cerca que podrías hablar con ellos. Es fantástico.
Pasear entre las pistas es una diversión, puedes ver a Alex Corretja y a John McEnroe hablando para la televisión, te puedes encontrar a jugadores yendo de aquí para allá con sus bolsas, una gozada. Y al final del día, si no tienes entradas para la sesión nocturna, te puedes tirar en una hamaca del espacio que la organización ha puesto delante de una pantalla gigante para ver los últimos partidos de las pistas principales mientras tomas una copita de champán.
Sacar entradas para Roland Garros no es fácil. Debes de abrir una cuenta en la web oficial y estar atento a cuando se abre el registro para sacar entradas, que este año fue a primeros de diciembre. Una vez registrado, si has tenido suerte, te convocan a un día determinado en el mes de marzo (a mí este año me tocó el 18 de marzo) para que compres un máximo de 4 entradas a partir de las 10 de la mañana con un número determinado que indica tu orden de compra. Cuanto más bajo es el número, más pronto tienes acceso y mejores entradas puedes comprar. Mi número este año era alto, pero aún así la entrada en la Philippe Chatrier era aceptable aunque muy arriba en las filas. Tuve suerte de que estaba en zona de sombra 🙂 Las pistas menores no tienen asiento fijo y puedes acceder a ellas si tienes una entrada para las pistas principales. Recuerda que si sacas entrada para la sesión de noche, no te dejan entrar en el complejo hasta poco antes de que empiece el partido, y no vas a tener mucha oportunidad de brujulear por las pistas menores que es lo más divertido.
Desde hace un par de años es obligatorio tener el ticket en la app oficial de Roland Garros para entrar en el complejo, lo que hace muy difícil y peligroso comprar en la reventa (salvo la reventa oficial en la misma página de RG), además de que es mucho más caro. No te lo recomiendo en absoluto.
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