¿Capricho, locura o enfermedad? Los síntomas psicoconductuales de la demencia

La agresividad, las acusaciones, el insomnio o las alucinaciones suelen angustiar más a las familias que los propios olvidos. Comprender estos síntomas ayuda a cuidar mejor al paciente… y también al cuidador.

 

Cuando se habla de demencia, la mayoría de las personas piensa inmediatamente en la pérdida de memoria. Sin embargo, las demencias no afectan solamente la memoria o las funciones cognitivas. También pueden modificar profundamente la conducta, las emociones, el sueño, la percepción de la realidad y la forma en que la persona se relaciona con quienes la rodean. A estos cambios se los denomina síntomas psicoconductuales de la demencia. Muchas veces son justamente estos síntomas los que generan mayor sufrimiento familiar. Los olvidos suelen ser dolorosos, pero en muchos casos lo más difícil para quienes cuidan no es que el paciente no recuerde, sino que “ya no parece la misma persona”. La agresividad inesperada, las acusaciones injustificadas, los cambios bruscos de humor, la apatía extrema, las preguntas repetitivas o las alteraciones nocturnas terminan modificando toda la dinámica familiar.

 

No es raro escuchar frases como: “Mi madre nunca fue así.” “Mi padre se volvió desconfiado.” “Parece otra persona.” “Nos acusa de robarle.” “Está despierto toda la noche.” “Ya no le interesa nada.” Y justamente ahí aparece uno de los puntos más importantes: estos comportamientos no son voluntarios ni dependen de la “mala voluntad” del paciente. No son actos conscientes. Son consecuencia de una enfermedad cerebral.

 

El cerebro enfermo deja de procesar adecuadamente la realidad, las emociones y los estímulos del entorno. Áreas vinculadas a la memoria, el control emocional, la conducta social, el juicio y la percepción comienzan a deteriorarse. Como consecuencia, aparecen reacciones que muchas veces resultan incomprensibles para quienes rodean al paciente. Hoy sabemos que aproximadamente entre el 80 y el 90 % de las personas con demencia presentarán uno o más síntomas psicoconductuales durante la evolución de la enfermedad. Incluso, en algunos casos, estos síntomas pueden aparecer antes de que exista un diagnóstico claro de deterioro cognitivo.

Soymas
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¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Los síntomas psicoconductuales pueden variar mucho de una persona a otra y también según el tipo de demencia. Algunos pacientes presentan apatía y retraimiento; otros, ansiedad, irritabilidad o agitación intensa. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • apatía o pérdida de interés
  • ansiedad
  • depresión
  • irritabilidad
  • agresividad verbal o física
  • trastornos del sueño
  • ideas delirantes
  • alucinaciones
  • conductas repetitivas
  • deambulación constante
  • rechazo de los cuidados o de la higiene

 

Uno de los síntomas más comunes es la apatía. Muchas familias interpretan que el paciente “se dejó estar”, “no pone voluntad” o “está deprimido”. Sin embargo, en numerosos casos lo que existe es una dificultad cerebral para iniciar actividades, sostener intereses o involucrarse emocionalmente. El paciente puede pasar horas sentado, mirando un punto fijo, sin motivación para hacer nada. La ansiedad también es extremadamente frecuente. La persona puede sentirse permanentemente insegura, confundida o desorientada. A veces pregunta lo mismo decenas de veces porque no logra retener la respuesta o porque necesita confirmación constante para sentirse tranquila. Otro síntoma muy angustiante para las familias son las ideas delirantes. El paciente puede creer que le roban dinero u objetos, que alguien quiere hacerle daño o que su pareja le es infiel. En ocasiones puede no reconocer su propia casa o pensar que las personas cercanas son impostores.

 

Estas creencias son vividas como completamente reales. Intentar convencer al paciente de que “eso no es verdad” muchas veces empeora el enojo o la angustia. Desde afuera puede parecer irracional, pero para la persona enferma la experiencia es absolutamente verdadera. También pueden aparecer alucinaciones, especialmente visuales. Algunos pacientes ven personas desconocidas dentro de la casa, animales, niños o figuras amenazantes. Esto puede generar miedo intenso, agitación o intentos de huida.

 

Las noches: uno de los momentos más difíciles

Las alteraciones del sueño son una de las mayores causas de agotamiento familiar. Muchos pacientes duermen durante el día y permanecen despiertos de noche. Otros se levantan desorientados, caminan constantemente, intentan salir de la casa o llaman reiteradamente a sus familiares.

 

La noche suele aumentar la confusión porque disminuyen los estímulos ambientales y la capacidad de orientación. La oscuridad, el silencio y el cansancio cerebral favorecen la desorganización conductual. Para los cuidadores esto puede transformarse en una situación extrema. Muchas familias pasan meses o años durmiendo mal, viviendo en estado de alerta permanente y desarrollando un enorme desgaste físico y emocional.

¿Por qué ocurren estos síntomas?

Durante muchos años se interpretó que estos cambios eran solamente “reacciones psicológicas” frente al envejecimiento o a la pérdida de memoria. Hoy sabemos que existen bases neurobiológicas concretas.

Las demencias producen alteraciones en diferentes circuitos cerebrales relacionados con:

  • regulación emocional
  • percepción de la realidad
  • control de impulsos
  • motivación
  • sueño
  • conducta social

 

También existen alteraciones neuroquímicas en sistemas como la acetilcolina, la serotonina, la dopamina y otros neurotransmisores que participan en la regulación del comportamiento y las emociones. Por eso los síntomas psicoconductuales no deben interpretarse como “caprichos”, “manipulación” o “maldad”. Son manifestaciones de una enfermedad cerebral neurodegenerativa.

 

¿Qué puede ayudar?

El tratamiento no depende solamente de los medicamentos. De hecho, hoy las estrategias no farmacológicas son consideradas la primera intervención en muchos casos. Pequeñas modificaciones del entorno pueden disminuir mucho la angustia y la agitación.

 

Algunas medidas útiles incluyen:

  • mantener rutinas estables y predecibles
  • evitar discusiones o confrontaciones innecesarias
  • hablar con frases cortas y tono tranquilo
  • reducir ruidos y estímulos excesivos
  • favorecer una buena iluminación
  • corregir problemas de audición o visión
  • evitar cambios constantes de cuidadores
  • estimular actividades simples y agradables
  • anticiparle siempre al paciente lo que se le va a hacer

 

Esto último parece algo pequeño, pero puede ser muy importante. Decir: “Ahora lo vamos a ayudar a levantarse”
o “Le voy a cambiar la ropa” puede disminuir mucho la sensación de amenaza o confusión. Muchas veces, detrás de una conducta agresiva, existe miedo o dolor o cansancio. O imposibilidad de expresar una necesidad. Un paciente que grita tal vez no pueda decir que tiene frío, hambre, dolor o miedo.

¿Y los medicamentos?

En algunos casos los síntomas son tan intensos que se necesita tratamiento farmacológico. Esto puede ocurrir ante:

  • agresividad severa
  • insomnio intenso
  • alucinaciones muy angustiantes
  • ansiedad extrema
  • riesgo para el paciente o para terceros

 

Sin embargo, los medicamentos en adultos mayores deben utilizarse con mucha prudencia. No existen fármacos “perfectos” para estos síntomas y muchos pueden producir efectos adversos importantes:

  • somnolencia excesiva
  • caídas
  • rigidez
  • mayor confusión
  • alteraciones cardiovasculares

 

Por eso siempre deben ser indicados y controlados por profesionales con experiencia en personas mayores y trastornos cognitivos. El objetivo del tratamiento no es “sedar” al paciente ni anularlo. El objetivo es disminuir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida tanto de la persona enferma

Cuidar también al cuidador

Hay algo que muchas veces se olvida: la familia también enferma. El cuidado prolongado de una persona con demencia puede producir ansiedad, depresión, insomnio, aislamiento social, agotamiento físico y una enorme sensación de soledad. Muchas veces el cuidador siente culpa si se cansa, si se enoja o si necesita ayuda.

 

Pero pedir ayuda no significa abandonar. Descansar no significa querer menos. Ninguna persona puede sostener durante años una situación de cuidado intenso completamente sola y sin consecuencias emocionales. Por eso es fundamental compartir responsabilidades, aceptar apoyos familiares, consultar profesionales y generar espacios de descanso.

 

Comprender cambia la mirada

Entender los síntomas psicoconductuales permite mirar muchas conductas desde otro lugar. Detrás de la irritabilidad, las acusaciones, la apatía o la agresividad no hay “capricho” ni “maldad”. Hay un cerebro enfermo que ya no logra interpretar el mundo de la misma manera.

 

Y muchas veces, más que discutir con el paciente, lo que necesita es algo mucho más humano y profundo:
calma, contención, seguridad y acompañamiento.

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