Sigüenza es un municipio de la provincia de Guadalajara que está a poco más de hora y media en coche desde Madrid, y es una de las clásicas excursiones de un día para los madrileños. Está muy bien cuidada y es un placer pasear por su calles empedradas y sentarse en alguna de las terrazas de su Plaza Mayor a tomar unas tapas.
Nosotros aparcamos en una de las calles antes de llegar al conjunto de la Catedral y la Plaza Mayor, ya que el centro tiene restricciones como en caso todos los municipios turísticos.
La Catedral de Santa María es un bonito conjunto de piedra rojiza muy típica de la zona y originaria de unas canteras próximas. La entrada a la Catedral es de pago, y si quieres ver los sepulcros de los siglos XII y XIII encontrados en el subsuelo de lla Catedral recientemente, tendrás que pagar un extra.
Sorprende el tamaño de la Catedral en un municipio tan pequeño. La nave es enorme y tiene algunas piezas bonitas, siendo la más relevante la del sepulcro del Doncel de Sigüenza, una escultura con una pose muy natural e inusual que impresiona por su belleza. Sorprende que no sea una figura yacente, sino que se encuentra recostado, con una pierna sobre la otra y apoya el brazo medio incorporado, en actitud de leer un libro que sostiene abierto en sus manos. Parece estar relacionado con la popularización de la literatura profana gracias a la invención de la imprenta, ya que hasta entonces los libros se reservaban a personajes eclesiásticos.
La fachada principal de la Catedral da a la bonita y despejada Plaza Mayor (parece que lo de eliminar los árboles de las plazas no es costumbre exclusiva de Madrid) donde podéis aprovechar para sentaros un rato a tomar algo y ver pasar a los turistas y a algunos vecinos.
Subiendo por la empinada Calle Mayor se encuentra a la derecha la Casa del Doncel, que también es visitable previo pago, pero nosotros no entramos.
Al final de la Calle Mayor se encuentra el castillo, enorme fortaleza del siglo XII convertido ahora en Parador de Turismo. Como todos los paradores, el interior está reconstruido y adaptado para el turismo y merece una visita.
Nosotros terminamos comiendo muy bien en el Restaurante Taberna Calle Rompeculos, estupendas migas, bacalao, codornices y lechazo, a 55€ por persona.




