Os sonará la pregunta.
Por mi dedicación al noble arte que nos ocupa he sido objeto de esta cuestión en numerosas ocasiones. Y si os soy sincero cada vez tengo menos dudas. Ya ni siquiera respondo con otra pregunta, que es como lo haría un buen gallego. ¿Para qué tipo de fotos? Desde hace años siempre contesto de la misma forma: cómprate un buen teléfono.
Tranquilos los puristas, que hasta el fotógrafo actual más pintón confiesa que de vez en cuando tira de cámara en su celular. Lo digo con matices y explicaciones justificadas. La primera es la sencillez y rapidez para captar lo que se nos ocurre. Siempre lo llevamos, y cada vez más, literalmente en la mano. La segunda es lo poco que nos cuesta compartir las fotos en el momento. La tercera es que podemos buscar una foto concreta que hicimos hace ocho años en cuestión de segundos. Hay cuarta, quinta, etc. Son todo ventajas. Prueba de esto es que los fabricantes de cámaras compactas sencillas han visto desde hace años reducidas al máximo sus ventas. Y a su vez fabricantes históricos de cámaras ven negocio en componentes de óptica y sensores para los teléfonos.
Conozco gente que se va de viaje a Australia y para “no ir muy cargado” prescinde llevar ese equipo réflex de tres objetivos que tanto le costó y de paso “aprovecha la circunstancia” para cambiarse al último móvil. También tengo que decir que nuestros dispositivos móviles “cocinan” las imágenes. El resultado es muchas veces espectacular sin que nosotros intervengamos. No digo que es hacer trampa, pero esto será materia de otro debate.






