En serio, no hay nada como llegar un día de noche al apartamento que has alquilado en centro de Nápoles para pasar unos días, y que a los 10 minutos te llamen a la puerta para pedirte que les dejes colgar un póster de Maradona desde tu balcón. Eso es lo que yo llamo una inmersión cultural acelerada. Luego ya lo de que estén a punto de atropellarte en Vespino a cada paso te parece lo normal.
Hay ciudades que se recorren con un mapa y otras que se recorren con los sentidos. Nápoles pertenece claramente al segundo grupo. Nuestro viaje de cuatro días fue suficiente para entender que esta ciudad no se deja encasillar: es caótica y bella, ruidosa y profunda, desordenada y tremendamente auténtica.
Desde el primer momento, Nápoles te golpea con su energía. Las calles estrechas, el tráfico imposible, las voces que se cruzan de balcón a balcón y ese olor constante a café, pizza y mar crean una atmósfera única. No es una ciudad para prisas ni para expectativas rígidas: aquí hay que dejarse llevar.
El corazón de Nápoles es su centro histórico, Patrimonio de la Humanidad. Pasear por él es caminar por capas de historia superpuestas: griegos, romanos, medievales, barrocos… todo convive en apenas unas manzanas. Iglesias casi ocultas, palacios que esconden patios sorprendentes y calles que parecen decorados de una película, pero con vida real. Aquí es fácil perderse, y casi es lo mejor que se puede hacer. Cada esquina ofrece una escena cotidiana que parece improvisada y, al mismo tiempo, eterna.
Nosotros nos alojamos en un bonito apartamento cerca del Barrio Español, un primer piso junto a la Piazza Dante, un buen sitio para empezar a explorar Nápoles que está llena de terrazas y kioskos. Antes de acceder al centro histórico, nos acercamos al Museo Archeologico Nazionale, que está más al norte para ponernos un poco en ambiente por si no hubiera sido suficiente con lo de Maradona. El Museo está lleno de impresionantes muestras de arte romano, muchas procedentes de Pompeya y Herculano. Lo más curioso: una sala llena de arte erótico romano que estuvo cerrado al público durante mucho tiempo y solo ha sido abierta recientemente, después de algunas intentonas anteriores que no fructificaron por problemas morales y religiosos. La mano de la Iglesia Católica en Italia, tú ya sabes.
Desde la Piazza Dante, tras cruzar el arco del monumento a Vittorio Emmanuele II, se accede al centro histórico, donde reside una de las más apretadas concentraciones de hermosos edificios de todo Italia, encajados en pequeñas calles por las que discurren riadas de turistas ocupados fundamentalmente en no ser atropellados por las Vespas que pasan a toda velocidad esquivándoles, como si fuera una competición de a ver quién se arrima más. Es como una corrida de toros pero al revés. Cuanto antes te hagas a la idea de no tienes nada que hacer al respecto y de que tu suerte está en sus manos, mejor. Como te decía hay un montón de sitios para ver en el centro histórico, algunas de cuyas calles se remontan al origen griego de Nápoles y son de las más antiguas del Mundo. No deberías dejar de ver: Basílica de San Lorenzo Maggiore, Santa Maria di Costantinopoli, Santa Chiara, Palazzo delle Congregazioni y San Nicola alla Carità. Entre las muchas otras bellezas que podrás ver está un Banksy que representa una Madonna, pintado sobre una deteriorada pared, protegido por una cristalera y custodiado por una pizzeria. Igualmente sorprendente son las camisetas de Maradona representado en olor de santidad con su corona luminosa y todo, e incluso como el Corazón de Jesús. En los días que nosotros estuvimos en Nápoles el equipo de fútbol jugaba uno de los partidos finales de la Champions, así que todas las calles estaban cuajadas de cintas blancas y azules, los colores del equipo.
Un poco más al sur del centro histórico bajando por la Via Toledo, se encuentra el Quarteri Spagnoli, llamado así, porque entre los siglos XVI y XVII es donde se encontraban los cuarteles de las guarniciones militares españolas alojadas o de paso por la ciudad. El Barrio Español es otro amasijo de callejuelas, viviendas con fachadas llenas de tendederos de ropa multicolor y pequeñas terrazas que ocupan cualquier hueco disponible y donde puedes disfrutar de la comida popular napolitana.
Si has conseguido sobrevivir sin daños físicos a los motoristas que te habrán estado haciendo recortes durante todo tu paseo por el Centro Histórico y el Barrio Español, te recomiendo que bajes por la Via Toledo hasta la Galería Humberto I. La calle y la galería están llenas de tiendas de moda italiana. Nosotros tuvimos la suerte de ver una procesión por Via Toledo aunque no nos enteramos muy bien de cual era el motivo de la misma. La galería es un edificio con forma de cruz que tiene un techo de cristal abovedado con cúpula circular en el centro realmente espectacular.
Entre la galería y el puerto de Nápoles se encuentra el Castel Nuovo, un enorme castillo del siglo XIII con un imponente arco de mármol en una de sus entradas. Después te sugiero que sigas el bonito paseo a lo largo del puerto hacia el sur hasta llegar al Castel dell’Ovo, otro precioso castillo medieval en un islote junto al puerto al que solo se accede por un estrecho paso con unas vistas espectaculares. Las líneas rectas y rústicas del castillo recuerdan mucho a Dubrovnik.
Vomero es un elegante barrio de Nápoles, fuera de la zona turística, que te recomiendo visitar. Es un barrio en la zona alta de la ciudad que está lleno de tiendas modernas y restaurantes estupendos que no están atiborrados de turistas. Se puede llegar en un teleférico que sale de la Stazione Di Montesanto, cerca de la Piazza Dante, o bien subiendo por una bonita y empinada calle que temina en unas escaleras. Además de la visita al barrio de Vomero, las vistas de la ciudad y del Vesubio son magníficas.
No te vayas de Nápoles sin visitar las Catacumbas de San Genaro (no confundir con el tesoro de San Genaro, ya sabes el que tiene sangre que milagrosamente se licúa cuando le conviene a los jefazos de la Iglesia). Las Catacumbas están como a unos 2 Km al norte de Piazza Dante, y es un conjunto subterráneo de pasadizos y tumbas excavadas en la piedra que fueron construidos a partir del siglo II, y que han sido utilizados con diversos propósitos a través de la Historia. Tiene unos bonitos frescos de inspiración africana y pompeyana realizados entre los siglos IV y VI.
Nápoles no intenta agradar a todo el mundo, y quizá ahí reside su encanto. Tiene imperfecciones evidentes, pero también una vida que pocas ciudades conservan. No es un decorado turístico, es una ciudad viva, con sus problemas y su enorme personalidad. Cuatro días bastan para enamorarse, pero también para saber que Nápoles no se termina nunca de conocer. Se queda contigo, te acompaña de vuelta y, sin darte cuenta, empiezas a pensar en cuándo volver.
Sitios donde hemos comido
- Antica Pizzeria Port’Alba. No esperes pizzas complicadas en Nápoles. Las pizzas son sencillas: tomate, mozzarella y albahaca. Lo demás es complicar el tema. ¿Tú le echarías piña a una paella? Pues ellos piensan lo mismo de la pizza. Esta pizzería está en el centro histórico, es pequeña y es una referencia en Nápoles, no es fácil encontrar mesa.
- Antonio & Antonio. El paseo marítimo a la altura del Castel dell’Ovo está lleno de restaurantes y nosotros paramos en este. Pedimos comida de costa y estaba buena. Lo mejor son las vistas y el espectáculo del todo Nápoles paseando al lado del mar, y te lo cobran.
- Trattoria Vanvitelli. Este restaurante de Vomero ofrece comida tradicional italiana y nosotros aprovechamos para probar los fritos italianos: calabacines y berenjena rebozados, y unas croquetas de diversos tamaños y composición que son tan populares como las españolas.
Además de los restaurantes, Nápoles está llena de sitios donde puedes comprar comida callejera y comer sobre la marcha, y lo puedes combinar tomando un café con cualquiera de los variados dulces que te ofrecen en las estupendas confiterías. Hambre no vas a pasar.
Pompeya
A 25 minutos en coche de Nápoles, siguiendo la costa hacia el sureste, se encuentran las ruinas de Pompeya. Habrás visitado muchas ruinas romanas en España y otros países, pero no estás acostumbrado al tamaño de las ruinas de Pompeya, que realmente son las de una pequeña ciudad de unas 15.000 personas, que son las que se calcula que habitaban Pompeya. Si quieres ver todo lo importante, necesitarás una mañana o incluso un día completo.
Al haberse quedado congelada en el tiempo por la cenizas que se abatieron sobre la ciudad cuando el volcán Vesubio entró en erupción en el año 79 d.C., se conservan restos de casi todas las zonas de la ciudad. Puedes pasear por sus calles viendo los edificios públicos de la época, como el anfiteatro, los baños públicos, los lugares de culto, una panadería, un lupanar, etc. Y también puedes ver algunas de las residencias privadas de la época, como la Casa del Fauno, la Villa de los Misterios. Hay muchos frescos, en general bien conservados, y algunos de una gran belleza.
De lo más impresionante que se puede ver en Pompeya son los moldes de los cuerpos de algunos habitantes que fueron sorprendidos por la lluvia de cenizas ardientes y que se han conservado hasta nuestros días como las formas de los cuerpos yacentes con un molde de cenizas solidificadas y huecos por dentro después de que los cadáveres se descompusieron.
Desde Pompeya nos fuimos a ver la Costa Amalfitana, una preciosa zona costera un poco más al sur, y os lo contamos en la próxima entrada de Zona Boomer.





